Qué difícil su andar por los años, su paso cansado va cuidando su bastón. Mientras le cojo de la mano, caminamos El Abuelo Y Yo en la imaginación.

No tuve el privilegio de sentir ese cariño, de escuchar sus historias de ladrones y bandidos. De escuchar esa voz dulce y llena de experiencia, de sentir su beso tierno y ver sus ojos en los míos.

El Abuelo Y Yo paseamos juntos por veredas sin destino, dentro de mis pensamientos ese anhelo sigue vivo. Él me llama princesa caramelo, dice que soy su alegría de vivir. Yo le doy un abrazo y mirando el cielo, le digo todo lo que significa para mi.

Sus ojos tristes se sonríen y alguna lagrimita ha caído. Me dice… ¡Gracias pequeña! Por querer a este viejo. Gracias por caminar conmigo.

© Esperanza E. Vargas

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