Ella era como una princesa,

que decoraba un mundo

bajo el viejo árbol.

Lucía preciosa

con su hermoso vestido,

se columpiaba en aquel columpio,

cubierto de flores y amores de antaño.

El viento jugaba con sus risos,

su carita bañada de luz

de las tardes de otoño.

El viento era su confidente,

mientras llevaba la melodía de su voz,

que se escuchaba alegre y sonora,

una bella canción.

Sus pensamientos volaban,

a través del tiempo.

Su alma de niña se mecía

entre las notas que la naturaleza

misma le brindaba.

Aquel columpio y el entorno

que le rodeaba.

Traía paz y libertad

a su tierno corazón.

Mientras tarareando su canción,

escribía el frío de ausencia

que una sepultura le dejó.

© Esperanza E. Vargas

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