Un Ángel duerme a mi lado,
mis horas vagas y mi espacio
lo ha ocupado.
Es un Ángel que tiene la ternura en sus labios,
cuando al dormir
me planta un dulce beso,
junto con su sonrisa y su amor.
Angel, que llega a mi vida,
que hace florecer mis horas
y mi tiempo.
Que hace brotar desde mi alma
las sonrisas, como brotes de rosal a montones.
Sus abrazos curan heridas,
sus besitos cubren las melancolías.
Y su voz es música a mi alma,
que se deleita en su traviesa estructura llena de algarabía.

Angel, pedacito de mi corazón, eres el regalo perfecto de Dios.
Expresión dulce de su gran amor.

© Esperanza E. Vargas

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