Podría traer hoy una sonrisa, un canto de mar dentro de una caracola, un canto a la amistad, al amor, o un puñado de estrellas que le roban los rayos al sol.
Esperar mucho rato el autobús llovía había salido el sol solo unos minutos no era mi mejor día.
Después de estar todo el día en el hospital cansada intenté darme un poco de color en los labios y solo vi frente al espejo una naufraga en la arena.

El vagón del metro iba semivacío de regreso a casa, los frenos de nuevo sonaron, y el metro paró : salió un joven y entró una señora con su hija de tres o cuatro años, se sentaron frente a mi . La madre de unos treinta y tantos años, sus ojos tras una gafas de sol, y una sonrisa en su cara. La niña se llama Rosa, al menos eso ponía con letras rojas, en su sombrerito azul, que tapaba parte de su cabeza rapada. Tiene unos hermosos ojos azules resplandecientes de alegría.
La madre saca del bolso un libro infantil, de esos llenos de dibujos son las ilustraciones de los Pitufos “Pitufina Pippi Langstrump”.
La niña presta atención a los dibujos que su madre le va enseñando, le narra la aventura en voz alta. y yo pongo atención Lleva unas zapatillas con una de esas chicas nuevas Pitufina Pippi Langstrump y su caballo , a juego con su camiseta. por momentos se distrae, balancea sus pies, me ve, y me sonríe enseguida me pregunta
— ¿Como te llamas?
— ¿Es a mí? me llamo María.
— ¿Qué puedes hacer tu María…? y prosigue.
yo puedo hacer sonreír a mi mama y puedo hacer que los mayores sonrían …ese es mi poder lo puedo. si si si..
Por supuesto, que una gran sonrisa cambió mi cara seria.
—  ¡Que Dios te bendiga. Rosa Pitufina!
La madre, testigo muda… sonríe de oreja a oreja  y dice :
— Rosa es así, ella es mi gran heroína.

© Araceli García Martín

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