¡Oh! preciosa humildad
que manos bañadas por la lumbre de esperanzas
y de las flores que ofrendan su belleza al día
se tornan en laurel de sentimientos
animados de amistades sinceras
pulidas con sabias enseñanzas de ayer al tiempo.

¡Oh! preciosa humildad
eres como presagio y señal del mañana
en forma de oraciones consagradas
al Dios Jesús, el bueno, el Nazareno,
a sus pies hincado confesando cuitas y pesares
esperando respuestas en bendiciones
a los niños, hombres del mañana.

¡Oh! preciosa humildad
seremos como soldados sin reproche,
confianzas infinitas que en nuestras almas
se prenden como lucientes galas,
y los niños con sus voces claras, tímidas, sonoras,
serán como la voz de una campana
tañendo oraciones, desgranando férvidos gritos
al despunte del alba.

¡Oh! preciosa humildad
no abandones inocentes corazones
en el paso de la cotidiana vida,
son ahora los infantes de un mañana
como las ondas de la mar profunda
en busca de las dichas que inundan
el gozar de los cielos y la tierra
que los esperan en brazos abiertos,
y que, cuando la patria esté dormida,
con sus armas de lo aprendido
en escuelas y colegios y con nuestra fuerza y mirada
a ellos daremos lo mejor de la vida.

¡Oh! preciosa humildad
te ofrecemos encendidos corazones
fe, dicha y amores abnegados.

© Jorge Mariano Camacho Sarmiento

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